miércoles, 11 de febrero de 2009

ATENODORO TELAMÓNIDA





Se acercó a su viejo caballo blanco y le miró las herraduras. Estaban desgastadas de tanto cabalgar, le golpeó el trasero y se lo llevó al herrero. Por fin, después de mucho andar estaba en casa.

Era la Ciudad de la Furia un pequeño lugar, encerrado por varios feudos, a poca distancia de Praga y a poca de Viena. Su herrero no le reconoció como el hijo de su señor, más Atenodoro no se preocupó. Deseaba tanto ver a su padre...

Le resultaba sumamente extraño el ruinoso estado del pequeño feudo, pero no le dio la menor importancia. Seis años en Bizancio junto su madre le habían curtido pese a su corta edad. Tenía grandes planes para su gente pero antes debía ver a su padre.

Cuando se presentó ante la casa fuerte de su padre, un halo de oscuridad le recibió. Los guardias no vigilaban, las puertas desvencijadas, la techumbre ruinosa,...¿¿Qué había sucedido??

Dos caballeros se presentaron ante el que lloraba dentro de la casa. No tardaron en reconocerle pues demasiado se parecía a su padre.

- Mi señor...vuestro padre murió.

- ¿¿Y quien dejó caer su casa??

- La tomaron al asalto cientos de campesinos de los feudos vecinos, instigados por el Diablo. Tan solo quedamos pocos servidores de vuestro padre con vida.- Mirose los pies descalzos-. Intentamos mantener este feudo en vuestro nombre, pero es inútil sin dinero.

-Ayudadme a tomar venganza y tendréis el oro y nuevas tierras que poseer.
Atenodoro no dudó. Armó a los 50 caballeros de su padre y partió a la conquista de los feudos traidores. Solo descansaría cuando en nombre de Telamón de Ciudad de la Furia, consiguiera acabar con las hordas de campesinos que atacaron su casa.




ATENODORO TELAMÓNIDA

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